SE EXTRAÑABA DE SU FALTA DE FE
ORACION COLECTA
Oh Dios meditamos tu misericordia en medio
de tu templo como tu nombre, oh Dios, tu alabanza llega al confín de la tierra.
Tu diestra está llena de justicia.
03.- PRIMERA LECTURA
Lectura de la profecía de
Ezequiel 2, 2-5
En aquellos días, el espíritu
entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: «Hijo de Adán, yo te envío a
los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y
ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y
obstinados; a ellos te envío para que les digas: "Esto dice el Señor."
Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que
hubo un profeta en medio de ellos. ».
SALMO
RESPONSORIAL (122)
Misericordia, Señor, Misericordia
A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos fijos en las manos de sus señores. R.
Como están los ojos de la esclava fijos en las manos
de su señora, así están nuestros ojos en el Señor, Dios nuestro, esperando su
misericordia. R.
Misericordia, Señor, misericordia, que estamos
saciados de desprecios; nuestra alma está saciada del sarcasmo de los
satisfechos, del desprecio de los orgullosos. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la segunda carta del apóstol
san Pablo a los Corintios 12, 7b-10.
Hermanos: Para que no tenga soberbia, me
han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que
no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha
respondido: «Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad.».
Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades,
porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Por eso, vivo contento en medio de mis
debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las
dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy
fuerte.
EVANGELIO
Lectura
del santo evangelio según san Marcos 6, 1-6
En aquel
tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el
sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba
asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado?.
¿Y esos milagros de sus manos?. ¿No es éste el carpintero, el hijo de María,
hermano de Santiago y José y Judas y Simón?. Y sus hermanas ¿no viven con
nosotros aquí?».
Y esto les
resultaba escandaloso.
Jesús les
decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y
en su casa.».
No pudo
hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos.
Y se extrañó de su falta de fe.
Y recorría
los pueblos de alrededor enseñando.
COMENTARIO
Cuando oímos esta observación de
Marcos: “Se extrañaba de su falta de fe”, sentimos cierto temor, porque nunca
estaremos bastantes atentos a la salud de nuestra fe; vivir alguna experiencia
con Jesús depende por entero de la fuerza de nuestra confianza en él.
Podríamos decir que estamos repitiendo,
pero es el evangelio el que se repite; no ha sido escrito más que para eso:
despertar, nutrir, hacer progresar nuestra fe en Jesús. Esa fe es nuestra
mirada sobre él, nuestro trato con él, nuestra unión con él, el medio de amarlo
cada vez más, sin “escandalizarnos nunca de él”, como nos advierte también aquí
Marcos. Lo que ocurrió en Nazareth puede
sucedernos a nosotros. Había venido “a su patria”, o sea, a su misma casa, y es
precisamente esta familiaridad con él la que hace a esos hombres de Nazareth,
una pequeña aldea en donde todo el mundo se conoce muy bien, ciegos y
sordos. Leer
este episodio, no hace pensar en aquella afirmación del prólogo de Juan:
"Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” (Jn 1, 11). Impresionados por este hecho, Jesús les recuerda el
refrán: “Sólo en su tierra desprecian a un profeta”.
Nos lo dice también a nosotros: aquí
está la intención de este relato de Marcos. Creemos conocer a Jesús, pues Él
forma parte de nuestra vida, por así decirlo.
Respecto a los no-creyentes nosotros somos paisanos suyos, hemos tratado
siempre con él.
Algunas veces esta familiaridad con él
nos cansa, la lectura del evangelio nos aburre; es algo bien conocido. Porque
hacemos lo que nunca deberíamos hacer: una lectura distraída, despreocupada. El
evangelio merece algo más. Merece el esfuerzo de meditación que hacemos en este
momento para reventar toda esa familiaridad y desembocar en el asombro: ¡Señor,
qué difícil eres de conocer! Allí comienza la aventura. Salimos de la aldea en
donde Jesús era tan conocido que nadie se interesaba por él. Sentimos que hemos
de deshacernos de estas ideas rutinarias.
Nos parecía que esas ideas nos hacían
vivir algo con él. Pero alimentaban tan pobremente nuestra fe que “Jesús no
podía hacer ningún milagro por nosotros”. Si nos preguntamos por el vigor de
nuestra fe, hay aquí un test muy fácil: cuanto más fuerte es, más lo busca.
Jesús puede entonces ser Jesús para nosotros; conociéndolo mejor, le pedimos
más. Su decepción de Nazareth debe afectarnos muy profundamente: “Se extrañaba
de su falta de fe”. Desde ahora en adelante
Jesús abandona la enseñanza en las sinagogas; seguirá hablando, pero en medio
de la gente, lejos de todo ambiente oficial.
Señor, ¡Me gustaría tanto no decepcionarte!.
Cuando abrimos el evangelio con hambre
de conocer a Jesús mucho más, descubrimos los horizontes de sus tres países: es
de Nazareth, ciertamente, pero también es de la Trinidad y ahora de la
resurrección. Habita en Dios y cohabita con todos los hombres. Ese ir y venir
entre Dios y los hombres, cuando uno está cerca de él, produce vértigo algunas
veces: “¿De dónde le viene esto?”. Vislumbra que creer en él es un camino largo
y difícil pero, ¿en qué camino quedaríamos más colmados?.
PLEGARIA UNIVERSAL
Oremos
juntos, hermanos, elevando nuestra plegaria y los deseos de nuestro corazón
hacia el Padre que nos da sentido y felic8idad:
1.-
Por la Iglesia y por todas las tradiciones religiosas, para que juntas podamos
cooperar a un mundo más solidario en el que seamos felices y plenos de sentido.
Roguemos
al Señor.
2.-
Por los que trabajan por la justicia y la fraternidad, para que no decaigan en
su deseo de transformar el corazón egoísta de nuestra sociedad. Roguemos
al Señor.
3.-
Por las comunidades cristianas que en el domingo se reúnen para celebrar la
cena del Señor, para que, superados los individualismos, construyamos juntos un
proyecto solidario que tienda hacia el Reino de Dios. Roguemos al Señor.
4.-
Por los jueves y los niños. Estos son el fruto del mundo. Para que desde la
infancia o la juventud sean conscientes de su misión humanitaria y así se
sientan plenos y felices. Roguemos al Señor.
5.-
Por todos los que son forjadores de la paz, para que tengan fuerza en su tarea
en un mundo hostil y violento. Roguemos al Señor.
Sabemos
que escucha nuestra oración, Señor. Pero te la presentamos para que tú las
bendigas y las transformes según tu voluntad. Escúchanos, Señor, y concédenos
lo que te pedimos. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACION SOBRE LAS OFRENDAS
Que
la oblación consagrada a tu nombre nos purifique, Señor y nos lleve, de día en
día a participar en la vida del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor.
ORACION DESPUES DE LA COMUNION
Colmados de tan grandes bienes, concédenos, Señor, alcanzar
los dones de la salvación y no cesar nunca en tu alabanza. Por Jesucristo
nuestro Señor.
PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA
Lunes 09: Os 2, 16.17b-18.21-22; Sal 144; Mt 9, 18-26.
Martes 10: Os 8, 4-7. 11.13; Sal 113b; Mt 9, 32-38
Miércoles 11: Os 10, 10, 1-3.7-8.12; Sal 104; Mt 10, 1-7.
Jueves 12: Os 11, 1-4
8c-9,; Mt 10, 7-15
Viernes 13: Os 14, 2-10; Sal 50; Mt 10, 16-23.
Sábado 14: Is 52, 7-10( o bien 1Co 1, 18-25); Sal 95; Mc 16,
15-20.
Domingo 15: Am 7, 12-15; Sal 84; Ef 1, 3-14; Mc 6, 7-13.
COMENTARIOS
AL EVANGELIO
Mc 6, 1-6
1.- -El rechazo de Nazaret
Este trozo (6, 1-6) tiene, en la economía del evangelio de Marcos, una
gran importancia cristológica: constituye una etapa fundamental en el camino de
Jesús hacia el abandono y la cruz. Desde ahora en adelante Jesús abandona la
enseñanza en las sinagogas; seguirá hablando, pero en medio de la gente, lejos
de todo ambiente oficial.
Cuando se lee este episodio, no es posible dejar de pensar en aquella
afirmación del prólogo de Juan: "Vino a los suyos y los suyos no lo
recibieron." Leído de esta manera, este episodio va mucho más allá de la
repulsa de una oscura aldea de Galilea: figura la repulsa de todo Israel, una
repulsa que por lo demás parece acompañar a toda la historia del pueblo de
Dios. Incluso las motivaciones de esta repulsa van mucho más allá de la
resistencia particular de los habitantes de Nazaret: son las resistencias de
siempre, arraigadas en el corazón del hombre. Por este trozo de Marcos puede
afectarnos también seriamente a nosotros.
Los habitantes de Nazaret no niegan la sabiduría de Jesús, sus milagros,
la lucidez de su predicación; incluso se muestran sorprendidos por todo eso.
Pero discuten su origen (versículo 3). Ha trabajado de carpintero como
cualquier otro, ha crecido entre nosotros, conocemos a su madre y a sus
hermanos; ¿cómo es posible que venga de Dios? Esta es la primera y la
fundamental razón de su repulsa: la invisibilidad de Dios, su manera de hacerse
presente bajo las apariencias comunes. La grandeza de Dios parece contradecirse
a sí misma, y esto constituye un escándalo. Nos parece oir la pregunta de los
nazarenos: "De dónde le viene todo esto? ¿Qué pensar de su
sabiduría?" En otras palabras, ¿cómo se explica su ciencia, la novedad y
la eficacia de sus enseñanzas? La respuesta está ya en la misma pregunta: es
una sabiduría que se le ha dado, que no viene de un hombre o de una escuela,
sino de Dios.
Pero esta respuesta es del evangelista, no de los habitantes de Nazaret.
A pesar de su admiración por una sabiduría que no se explica por sí misma,
ellos no creen. Su desconcierto nace de la confrontación entre el esquema del
sabio que viene de Dios al que están acostumbrados (su esplendor debería
superar incluso al de Salomón) y la realidad concreta e histórica, fenoménica,
de Cristo. Podemos concretar más todavía: el escándalo no viene tanto del hecho
de que Jesús sea un carpintero, sino de que "es uno de nosotros, lo
conocemos todos".
La repulsa por parte de los suyos no es ninguna sorpresa para Cristo.
Que un profeta se vea rechazado por su pueblo no es ninguna novedad. La novedad
sería precisamente lo contrario. Hay incluso un proverbio que lo afirma: un
profeta es siempre despreciado en su país, entre sus parientes y en su propia
casa (versículo 4). Se trata de un proverbio basado en una larga experiencia,
que ha acompañado a toda la historia de Israel, que encuentra su más clara
confirmación de la historia del Hijo de Dios y que se seguirá repitiendo
puntualmente en la historia sucesiva. Dios está de parte de los profetas, pero
los profetas se ven siempre rechazados: rechazados por su pueblo, por su
comunidad, no por el mundo. Siempre se procura quitar de en medio a los hombres
de Dios, aunque más tarde se les construya un monumento.
También por este motivo la fe se siente escandalizada y sometida
continuamente a la prueba; pero esta vez el escándalo no está entre los
escribas y los fariseos, ni entre el pueblo tranquilo y pretencioso (como los
aldeanos de Nazaret), sino entre los discípulos, entre los pequeños que ven en
el profeta una esperanza que ahora parece venirse abajo en medio de la
indiferencia de Dios.
MIGROS/INCREDULIDAD: El episodio termina con una observación del propio
evangelista: "No pudo hacer ningún milagro allí" (versículo 5). Jesús
no puede hacer ningún milagro en donde tropieza con una incredulidad obstinada.
¿De qué iba a servir entonces un milagro? Los milagros de Cristo son la
respuesta a la sinceridad del hombre que busca la verdad: no son un intento
para forzar de algún modo el corazón del hombre. A diferencia de los hombres,
Dios no utiliza la violencia para imponer sus propios derechos. Ni tampoco hace
milagros en donde los hombres pretenden señalar que les permitan sustraerse al
riesgo de la fe: las señales de Dios no son evidentes a toda costa. Ni hace
milagros finalmente donde a los hombres les gustaría explotarlos en su propio
provecho, para sostener sus propias pretensiones. Por todo ello, Jesús no hace
milagros en Nazaret. Pero esta afirmación en términos tan absolutos es inexacta
y Marcos la corrige: "Solamente sanó a unos pocos enfermos"
(versículo 5). Así pues, también en Nazaret Jesús buscó a los enfermos y a los
pobres. Dios los busca en todas partes. Pero no son éstos los milagros que les
gustan a los hombres.
Bruno Maggioni, El relato de Marcos, Edic.
Paulinas/Madrid 1981, Pág. 91
2.- Una pequeña observación a propósito del "desconfiaban de
él" de la traducción litúrgica. El original es más contundente: "se
escandalizaban de él", es decir, Jesús era piedra de escándalo para sus
paisanos, daba lugar a que éstos se escandalizaran.
Comentario. Lo esencial del texto de hoy es la falta de fe en Jesús. Los
paisanos de Jesús parten de los conocimientos que tienen sobre él, pero se
encierran en esos conocimientos, no salen de ellos y son incapaces de ver más
allá.
Si por fe en Jesús entiende Marcos un comunicarse con él, un abrirse a
él, por falta de fe entiende un encerrarse en los propios esquemas, un no ver
más allá de ellos y un no dar el salto a ese más allá.
Jesús será siempre el más allá de nuestros esquemas y modos de pensar
sobre él. Si no damos el salto a Jesús porque nos encerramos y empeñamos en
nuestros modos y hábitos de ser religiosos, Jesús siempre será motivo de
escándalo para nosotros. Lo malo no está en partir de unos esquemas religiosos.
Lo malo está en encerrarse en ellos.
Si nos encerramos en nuestros esquemas y no nos abrimos al más allá que
es Jesús, jamás acontecerá en nosotros lo asombroso, el milagro.
A. Benito, Dabar 1988, 37
3.- El término griego que Marcos emplea en 6, 1 es susceptible de un
doble significado; ciudad natal o país natal.
Tomando como punto de referencia a Mc. 1, 9, es lógico concluir que su
sentido es el de ciudad natal y que se está refiriendo a Nazaret, Sin embargo,
dada la bivalencia del término y la no mención explícita del lugar, el autor
puede haberlo escogido intencionadamente como símbolo y anticipo de un rechazo
más amplio.
Sinagoga y enseñanza, exactamente como en Cafarnaún (cfr. Mc. 1, 21).
Enseñanza como actividad, rasgo muy típico de Marcos, a quien parecen interesar
más las reacciones que los contenidos.
Estupefacción, extrañeza. Hasta aquí todo igual que en Cafarnaún. Las
diferencias comienzan a partir de aquí, en la formulación de la extrañeza.
Autoridad y novedad de Jesús (Cafarnaún); origen y naturaleza de lo que Jesús
dice y hace (texto de hoy).
Centrándonos ya en él es fácil percibir los motivos de la extrañeza.
Estos no son otros que el conocimiento de las raíces existenciales de Jesús; su
trabajo, su familia. ¡Esas raíces no dan tanto de sí!, parecen gritar los
conciudadanos, quienes, además de escépticos, adoptan incluso un tono
insultante, como cuando, en forma inaudita para los hábitos judíos, describen a
Jesús con referencia sólo a su madre, sin mención del padre. El realismo y la
crudeza son una de las características de Marcos.
Compárense los paralelos de Mateo y Lucas y se podrá constatar cómo
ambos son mucho más mitigados y menos crudos (cfr. Mt 13, 55; Lc. 4, 22).
ESCANDALO/QUÉ-ES:"Y se escandalizaban a causa de él" (mejor
traducción que la litúrgica "y desconfiaban de él"). La palabra
escándalo significa etimológicamente algo que hace tropezar a una persona o
hacer caer a un animal en una trampa. Escandalizar: hacer tropezar, descarriar,
seducir. Una vez más el realismo de Marcos, quien no tiene reparo en presentar
a Jesús como un obstáculo para sus conciudadanos. Tenemos, pues, la situación:
desconocimiento, incomprensión, rechazo. ¿Por qué esta situación? ¿Cuáles son
sus causas? El diagnóstico apunta en una doble dirección: la experiencia humana
hecha proverbio (v. 4) y la falta de fe (v.6). De nuevo la fe. Pedida a los
compañeros de barca hace dos domingos; verificada el domingo pasado; ausente
hoy. Falta de apertura y de confianza, de ojos abiertos y sencillos. Por eso, y
en contraste con el domingo pasado, el mundo maravilloso de la utopía y de lo
insospechado queda cerrado. La semilla sólo puede crecer bajo la tierra, nunca
bajo el cemento. Este no es permeable a la lluvia; la tierra, sí.
A. Benito, Dabar 1985, 36
4.- Nazaret no se cita en el Antiguo Testamento ni en sus comentarios.
Sin embargo, en 1962, Avi Jonah descubrió una lápida de mármol negro, datada en
el siglo II a. C., en la que se contiene el nombre de esta aldea.
Lucas y Marcos nos narran de forma independiente este pasaje,
colocándolo cada uno en el contexto que interesa a su teología.
Lucas añade detalles como los referentes al contenido de la predicación
de Jesús y a que sus paisanos intentaron despeñarlo.
La extrañeza y el posterior rechazo de sus paisanos basándose en el
origen humilde y conocido de Jesús tiene diversos acentos según el evangelista
que lo narra. En Juan, por ejemplo, se recalca la extrañeza ante alguien que
sabe de letras sin haber estudiado y se rechaza que pueda ser el mesías, puesto
que el origen de este personaje será desconocido y el de Jesús lo conocen todos
sus convecinos. La reacción que presenta Marcos tiene un cierto tono de
insulto. Cuando un semita recuerda sólo a la madre de un hombre, y no al padre,
intenta ofenderlo, como un hombre insignificante sin pasado ni porvenir
(Nolli). La profesión de carpintero era bastante honorable y eran muchos los
rabinos que tenían este oficio. En Israel, la actividad manual no tenía el
tinte casi deshonroso que tiene en nuestra sociedad. La palabra griega que pone
Marcos ("tekton": de la que viene arquitecto) significa propiamente
"artesano", sin especificar cuál era su actividad concreta. San
Justino afirma que Jesús construía yugos y arados de madera, San Hilario, sin
embargo, sostiene que era herrero. Otros autores lo aplican a quienes
construyen casas. Todos estos oficios caben dentro de la palabra griega, pero
no hay que excluir en quienes lo traducen así una fuerte intención simbólica.
El milagro se encuentra principalmente en la interpretación de un hecho
como acción salvadora de Dios. Sin la fe de los testigos de una curación no
puede haber milagro. En este caso, los actos de Jesús no fueron
"leídos" desde una óptica de fe, y el milagro no fue posible.
Eucaristía 1988, 32
5.- No desprecian a un profeta más que en su tierra.
El fragmento de hoy cierra la primera etapa del ministerio de Jesús. Es
la etapa de la popularidad en Galilea, de las multitudes que se acercan a él
para escucharle y para que les cure a los enfermos, la etapa en que se muestra
como por Jesús llega a los hombres el Reino de Dios que transforma los
corazones y libera del mal.
Marcos cierra esta etapa en Nazaret, su pueblo, que viene a ser como un
símbolo de todo el pueblo de Israel. Porque, efectivamente, a pesar del éxito
inicial y la popularidad, el conjunto del pueblo no puede aceptar que Dios
manifieste su Reino a través de alguien que es un hombre como otro cualquiera,
con una familia y un oficio como la demás gente. Jesús pretendía cambiar la
vida de su pueblo, y de hecho, de entrada, parecía que los que le veían y le
escuchaban quedaban cautivados por lo que decía y hacía. Pero poco a poco su
pretensión les fue pareciendo excesiva: ¿qué credenciales podía exhibir Jesús
para hacer y decir todo aquello? Y Jesús, después de esta escena-resumen,
empezará a centrar su acción en sus discípulos. Continuará predicando y curando
enfermos, y realizará la acción pública y simbólica de alimentar las multitudes
multiplicando los panes y los peces, pero su interés estará centrado sobre todo
en hacer comprender el sentido de su misión al grupo más reducido y cercano de
los que van con él.
Resalta, en el texto de hoy, la manera cómo reacciona la gente ante la
palabra de Jesús en contraste con las reacciones del inicio de la vida pública:
allí la gente decía que "enseñaba con autoridad", y quedaban
admirados ( 1,21 ss); aquí no importa cómo enseña, sino que de entrada no
resulta aceptable que pueda tener autoridad alguien que es una persona normal.
Y después resalta que Jesús "no pudo hacer" ningún milagro. El
domingo pasado, en los dos milagros que leíamos, se veía que la fe-confianza
llevaba a la curación, y aquí no está presente esta fe-confianza. Por eso,
"su tierra" queda excluida de la liberación, excepto "algunos
enfermos": ¡no todo el pueblo se cierra a Jesús!
La "extrañeza" de Jesús ante el hecho de "su falta de
fe" se convertirá, al final de la vida pública, en lamento sobre
Jerusalén, que no ha querido recibir a su liberador.
Josep Lligadas, Misa Dominical 1994, 9

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