jueves, 10 de marzo de 2016

LECTURAS Y COMENTARIO V DOMINGO DE CUARESMA CICLO C - 13 MARZO 2016

¿TIRAR LA PRIMERA PIEDRA?
  


ORACION COLECTA

Te rogamos, Señor Dios nuestro que tu gracia nos ayude, para que vivamos siempre de aquel mismo amor que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías 43,16-21

Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. No recuerden lo de antaño, no piensen en lo antiguo; miren que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notan?. Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.

SALMO RESPONSORIAL (125)

El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.».
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb. 
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R.

Al ir, iba llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 3,8-14

Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 8,1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?».
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.».
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.».

PLEGARIA UNIVERSAL

Señor, venimos a tu presencia acosados por una u otra acusación que se hace contra nosotros. Esperamos como la adultera, escuchar de tu boca: ¿Nadie te ha condenado?. Yo tampoco. Anda y no peques más”. A cada invocación, respondemos: Que tu misericordia nos salve, Señor.

1.-  Por la Iglesia; para que el comportamiento de Jesús la lleve a vivir su enseñanza con un compromiso de vida autentico. Que tu misericordia nos salve, Señor.

2.-  Por el Papa Francisco, para que el Espíritu Santo lo ilumine y fortalezca en este momento tan especial para la Iglesia, para que con el conjunto de los Obispos atienda por completo las necesidades de la Iglesia. Que tu misericordia nos salve, Señor.

3.-  Por los que se sienten acosados, discriminados, blanco de tantos lanzadores de piedras; para que reconozcan a Jesús como a aquel que siempre dispersas a esa gente despiadada, mostrándoles la grandeza de su corazón.  Que tu misericordia nos salve, Señor.

4.-  Por todos los que sufren cualquier tipo de adversidad,  para que encuentren en su camino no a personas siempre listas a lanzarles piedras, sino a personas generosas y valientes, siempre dispuestas a ayudarles a superar sus problemas. Que tu misericordia nos salve, Señor.

Señor, aquí nos hemos juntado la miseria y la misericordia, como dice San Agustín, concédenos la gracia de ir remodelando nuestro corazón para ese cambio que esperas de cada uno de nosotros. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION SOBRE LAS OFRENDAS

Escúchanos, Dios todopoderoso tu que nos has iniciado en la fe cristiana y purifícanos por la acción de este sacrificio. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACION DESPUES DE LA COMUNION

Te pedimos Dios todopoderoso que nos cuentes siempre entre los miembros de Cristo, cuyo Cuerpo y Sangre hemos comulgado. Por Jesucristo nuestro Señor.

COMENTARIO

Jesús está hablando tranquilamente, como suele hacerlo cuando tiene ante él a un grupo de corazones sencillos que le escuchan en silencio fascinados por su palabra. Los escribas y fariseos rompen esta paz y con unas pocas palabras logran suscitar un huracán: odio a Jesús, desprecio por aquella mujer a la que han sorprendido en adulterio y ni siquiera dirigen la palabra. ¿Acaso vale la pena? La tiran a tierra como si fuera un objeto; sólo les sirve para tender una trampa al joven maestro: ¡que escoja entre la bondad y la ley!. Silencio de Jesús. Se inclina, traza maquinalmente unos rasgos en el suelo, reflexiona, interioriza, obliga a los demás a interiorizar.  Para él, todo tiene importancia; aquella mujer, aquellos hombres, la ley. Respeta la ley, pero no la ve como algo estático que inmovilice los pensamientos y los corazones. No se trata de elegir entre la bondad y la ley; eso es un falso problema. Jesús se pregunta cómo, a partir de la ley, podría cambiar un poco aquellos corazones endurecidos; desea ponerlos en movimiento. Dice una palabra y el silencio cambia. Silencio pesado en el que cada uno se encara consigo mismo. Recuerda la ley: “El testigo debe ser el primero en tirar la piedra”. Pero recuerda además el espíritu de la ley. Está hecha para extirpar el pecado, el del otro... ¡y el nuestro! “¿Quién eres tú, el que quiere luchar contra el pecado? ¿No tienes tú pecados?”. Y se van. La mujer queda libre pero no huye.  Aquel rabino le abre abre un mundo nuevo. Se siente muy lejos de su miedo, del odio de los demás, del conflicto que siempre nace entre ella y los hombres. Nunca había sido así: interior, pacífica, pura, porque adivina muy bien que está ante la pureza infinita. Él es sin pecado. Podría aplastarla o desecharla con desprecio o con disgusto. Inexplicablemente ella se siente amada, como nunca lo había sido, por alguien que la acepta tal como es, pero queriéndola mejor, seguro de que puede ser mejor. Diálogo pudoroso que deja intacto el silencio. Ella comprende que con él hay que escuchar. “No te condeno. Vete, pero no peques más”. Todo está dicho. Ni la ley, ni las conveniencias sociales, ni el miedo pueden hacerla cambiar como aquella voz a la vez tan firme y tan buena. No cabe complicidad con el pecado. “No peques más”. Pero un amor tan grande la crea de nuevo. Podemos mirar a Jesús en este momento para aprender de él a condenar con claridad un pecado sin aplastar al culpable, dándole por el contrario todo tipo de oportunidades, recreándolo. Pero no hemos de ponernos demasiado pronto en el sitio de Jesús. Somos nosotros esa acusada y con frecuencia somos también los acusadores. Dejemos que el silencio de Jesús nos penetre para recibir sus palabras de juez que nos ama: “Tú querías condenar el pecado y ahora estás mirando tu corazón. No te condeno, pero quiero que salgas de ahí. No peque más”, dejarse cambiar, no por la ley o la moral o el miedo, sino por el amor de Jesús.

PALABRA DE DIOS Y SANTORAL DE CADA DÍA

Lunes 14: Dn. 13, 1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22; Jn. 8, 12-20.
Martes 15: Num.  21, 4-9;  Sal  101;  Jn.  8, 21-30.
Miércoles 16: Dn. 3, 14-20.91-92.95; Dn. 3, 52-56; Jn. 8, 31-42.
Jueves17:   Gn.   17, 3-9;  Sal  104;  Jn.  8,  51-59.
Viernes 18: Jr. 20,   10-13;  Sal 17;  Jn.  10, 31-42.
Sábado 19 : Sm. 7, 4-5.12-14.16; Sal 88; Rm. 4, 13.16-18; Mt. 1, 16.18-21.24ª.

Domingo20:  Is. 50, 4-7; Sal 21; Fl. 2, 6-11; Lc. 22, 14-23, 56.

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